El comienzo de todas las historias

«Había una vez»… un exitoso ejecutivo, con un alto puesto jerárquico en una conocida empresa nacional. Era el personaje “estrella”, carismático, creativo, emprendedor; tenía un cúmulo de virtudes y empatía que lo habían puesto en la cima de la popularidad empresarial. Pero él tenía otro sueño: quería ser escritor de cuentos infantiles.

Nada más opuesto a su actividad, donde la fantasía y la niñez no tenían demasiada cabida. Y así fue que dejó la vida corporativa y se refugió en los cuadernos de hojas rayadas, la birome azul y la computadora. Y también comenzó a ser plenamente feliz. Es cierto que aprovechó para “venderse” toda su experiencia previa. Se convirtió en una marca, pero propia y con la indiscutible impronta que da la plena satisfacción.  Y esta historia es real, ya que se trata del marido de una amiga. 

En el artículo “Si a alguien le da un empujón, me voy a sentir muy bien”, Marcelo Delbarba rescata la importancia de tomarse un momento para pensar qué que nos gusta. El autor, que se presenta como CEO  de Dentsu Aegis Network, busca desde su nota compartida en Linkedin darle un empujón a quien lo pueda necesitar.  

En su artículo sugiere detener un poco la cabeza y no asumir riesgos pensando en la seguridad de un ingreso. “Es mejor parar ahora y no más adelante, te vas a dar cuenta del tiempo y dinero que se fue en las vueltas que diste por el miedo y la ansiedad”, sugiere. El meollo de su propuesta se basa en que no se pude decidir sin saber qué es lo que se quiere. Por eso invita a desarrollar lo que le gusta hacer a cada uno, lo que lo pone feliz y lo lleva a estar bien sin “el hámster corriendo a 100km por hora en tu cabeza”.

Puede ser difícil, pero el objetivo es que uno mismo se convierta en marca o producto, tal como ese ex ejecutivo y hoy autor de cuentos infantiles. La idea es hacer por uno mismo lo que haría por una empresa.  “Y cuando uno es el producto, nadie te puede despedir”, asegura Delbarba.  Y agrega algo más: “el trabajo deja de pesar porque ya no es trabajo”. 

De todos modos, Delbarba aclara que esto no quiere decir que todos deban ser un entrepeneur exitoso o un genio independiente. Simplemente se trata de tomarse un tiempo para pensar qué es lo que nos gusta hacer y quién queremos ser. 

Y ojalá que puedan vivir felices y comer perdices. Fin.

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